Cold email ≠ spam: diferencias legales clave (y cómo no cruzar la línea)

Bernat López

Dic 16, 2025

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    “¿Esto es spam?” es la pregunta que siempre aparece cuando alguien empieza a hacer prospección por email.

    Y tiene sentido: a veces se mete en el mismo saco cold email, email marketing y spam. Pero no son lo mismo. De hecho, desde un punto de vista legal y práctico, la diferencia no está solo en cuántos correos envías, sino en cómo y por qué los envías.

    En este artículo te explicamos, de forma clara y sin jerga, qué separa un cold email legítimo de algo que puede considerarse spam o una práctica de riesgo. No es asesoramiento legal, pero sí una guía útil para tomar mejores decisiones.

    1) Primero: ¿qué es “cold email” y qué es “spam”?

    Cold email es enviar un email a alguien con quien no tienes relación previa para iniciar una conversación comercial (normalmente B2B), con un enfoque más parecido a una presentación profesional que a una campaña masiva.

    Spam (en la práctica) suele ser envío masivo o indiscriminado, con poco o ningún criterio de relevancia, sin transparencia, sin control de bajas/oposición y, muchas veces, usando datos de origen dudoso.

    La clave: no es solo “correo no solicitado”. Es correo no solicitado + mala praxis.

    2) Legalidad: no hay una respuesta única, pero sí señales claras

    En Europa, el encaje legal del cold email depende del contexto: si es B2B o B2C, qué tipo de datos se usan, cuál es la base jurídica, cómo se informa al destinatario y cómo se gestiona su derecho a oponerse.

    Por eso, desconfía de dos frases típicas:

    • “Es legal porque es B2B” → No siempre.
    • “Es ilegal si no hay consentimiento” → Depende del caso.

    Lo sensato es entender qué prácticas te acercan a un enfoque defendible y cuáles te ponen en la zona roja.

    3) Las 7 diferencias que separan un cold email profesional del spam

    1) Relevancia: ¿tiene sentido que le escribas a esa persona?

    Un cold email “bien hecho” se apoya en la relevancia: le escribes a alguien porque encaja con tu propuesta, no porque “tiene un email”.

    • Bien: contacto por rol/sector/encaje real con tu servicio.
    • Riesgo: listas enormes y genéricas sin segmentación.

    2) Finalidad clara: ¿para qué tratas sus datos?

    En protección de datos, la finalidad manda. Si tu objetivo es iniciar una conversación comercial B2B, dilo y actúa en consecuencia.

    • Bien: una propuesta concreta y honesta.
    • Riesgo: textos ambiguos, “te escribo porque sí”, o finalidades ocultas.

    3) Origen del dato: ¿de dónde sale ese email?

    Que un dato sea accesible públicamente no lo convierte en “gratis legalmente”. Lo importante es si el origen es legítimo y si el uso es razonable.

    • Bien: datos de contacto profesionales publicados por el propio negocio o en contextos profesionales.
    • Riesgo: bases compradas, datos filtrados o listados sin trazabilidad.

    4) Transparencia: ¿el destinatario entiende quién eres y por qué escribes?

    Un email profesional no juega al escondite.

    • Bien: te identificas, explicas el motivo del contacto y facilitas una forma de oponerse.
    • Riesgo: remitentes opacos, mensajes engañosos o sin explicación del motivo.

    5) Control y límites: ¿estás enviando “con cabeza” o “a lo bestia”?

    La forma de envío importa. Enviar miles de correos sin control eleva el riesgo (legal, reputacional y de entregabilidad).

    • Bien: volúmenes razonables, pruebas, segmentación y mejora progresiva.
    • Riesgo: automatización agresiva sin filtros ni revisión.

    6) Derecho de oposición: ¿qué pasa si te dicen “no”?

    Este punto es crítico. Si alguien no quiere que le contactes, debes poder parar y respetarlo.

    • Bien: una vía clara para dejar de recibir emails y procesos para aplicarlo.
    • Riesgo: ignorar la oposición, insistir o “cambiar de cuenta” para seguir.

    7) Mensaje y tono: ¿parece una conversación o una trampa?

    El spam suele sonar a “plantilla de venta”. El cold email legítimo suena a persona y a contexto.

    • Bien: breve, específico, sin exageraciones, con opción real de no continuar.
    • Riesgo: claims agresivos, urgencias falsas, manipulación o engaño.

    4) El test rápido: 5 preguntas que te dirán si vas bien

    Antes de lanzar una campaña, pregúntate:

    • 1) ¿Mi email aporta valor o es puro “spray and pray”?
    • 2) ¿Puedo justificar por qué esa persona es un contacto relevante?
    • 3) ¿Tengo claro de dónde sale el dato y por qué lo uso?
    • 4) ¿El destinatario entendería el motivo sin sentirse vigilado?
    • 5) ¿Si me piden no escribir más, puedo cumplirlo de forma inmediata?

    Si dudas en varias, no es el fin del mundo, pero sí una señal: toca ajustar el enfoque.

    5) Conclusión: el spam es una práctica, no una herramienta

    El cold email puede ser una estrategia legítima si se hace con criterios de relevancia, transparencia, proporcionalidad y respeto al derecho de oposición.

    El spam, en cambio, suele aparecer cuando el objetivo es “enviar mucho” sin control, sin contexto y sin respeto por la persona que recibe el mensaje.

    Este artículo es informativo y no constituye asesoramiento legal personalizado. Si tu caso es complejo (volúmenes grandes, tratamientos sensibles, perfilado, múltiples fuentes, etc.), es recomendable consultar con un profesional de protección de datos.

    Bonus: si haces cold email, hazlo con procesos (no con suerte)

    Más allá de la legalidad, un enfoque responsable también mejora resultados: menos quejas, mejor entregabilidad y conversaciones más reales.

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